«Aquí se respira un ambiente de paz, tranquilidad y una preocupación real por ayudar a las personas»
Dr. Diego de Mendoza Asensi
Director Asistencial del Hospital Evangèlic de Barcelona y codirector de la Unidad Comunitaria de Fragilidad (UCF)
Desde septiembre de 2025, el Dr. Diego de Mendoza Asensi es Director Asistencial del Hospital Evangèlic de Barcelona y codirector de la Unidad Comunitaria de Fragilidad (UCF). Con casi tres décadas de trayectoria en Medicina Intensiva y gestión sanitaria, actualmente lidera la estrategia asistencial de la institución.
¿Qué le llevó a estudiar Medicina? ¿Fue por vocación?
Acabé siendo médico por casualidad. A mí me gustaban las ciencias, la física… Estaba más bien orientado hacia la ingeniería, aunque la biología también me llamaba la atención. En el último momento de hacer la preinscripción universitaria todavía tenía dudas, y fue mi madre, que es médica, quien me dijo: «Oye, ¿por qué no estudias Medicina?». Pensé: «¿Por qué no?», y la incluí en la lista. Al principio no fue nada vocacional.
Con tantas ramas como ofrece la Medicina, ¿cómo eligió su especialidad?
Durante la carrera decidí centrarme mucho en la práctica. La parte teórica era interesante, pero yo quería «saber hacer», y eso solo se aprendía recorriendo el hospital. Me organizaba con comisiones de apuntes para recuperar la teoría y aprovechaba el tiempo para hacer rotaciones por diferentes departamentos, pidiendo a médicos y equipos que me acogieran para poder tener un papel más activo.
Eso me ayudó mucho a decidir. Después realicé trabajos de investigación en la Unidad de Cuidados Intensivos de Trauma de Vall d’Hebron y la UCI me fascinó: era el momento más agudo y grave de enfermedades muy diversas. No te limitaba a un solo órgano, sino que te exigía saber un poco de todo. Hice la residencia y estuve 20 años vinculado a la Medicina Intensiva. Posteriormente, cuando era jefe de servicio de la UCI, me propusieron asumir tareas directivas y di el paso hacia la gestión para intentar mejorar la forma en la que se hacían las cosas.
¿Y cómo llega al ámbito de la atención intermedia y la fragilidad?
También por casualidad. Yo era director médico en un hospital de agudos y sentía que me faltaba propósito; quería un proyecto con una mayor orientación de servicio a la comunidad. Justo en aquel momento, una compañera me compartió una convocatoria del Hospital Evangèlic de Barcelona, donde buscaban un director asistencial. Cuando conocí a la dirección, el proyecto y los valores de la institución, me enganchó de inmediato. Era exactamente lo que buscaba: un proyecto con sentido, con vocación comunitaria y sin perder el rigor técnico.
Al final, entonces, acabó encontrando la vocación en la ayuda al paciente…
Sin duda. Al principio me movía más la parte técnica y fisiológica. Sin embargo, con los años experimenté un cambio. La emoción por las técnicas se fue apagando y lo que realmente empezó a llenarme fueron las conversaciones difíciles con las familias de los pacientes más graves: ver que podía confortarlas y acompañarlas emocionalmente. Pasé de ser muy técnico a ser más empático. La técnica puede aprenderla casi cualquiera; la empatía y la calidad humana son más difíciles de encontrar.
¿Ha habido algún caso o paciente que le haya dejado una huella especial?
Sí, unos cuantos. Recuerdo haber ayudado a muchas familias a transitar por situaciones extremadamente delicadas que, en ocasiones, incluso terminaban con la muerte del paciente. Saber que mi intervención hizo que el proceso fuera más llevadero y que se sintieran acompañadas me hizo ver que la huella personal que dejaba era realmente importante.
Sorprende que, con una población cada vez más envejecida, la fragilidad sea un ámbito del que se habla poco.
Es un ámbito poco atendido por la organización sanitaria general. La formación y los recursos se destinan mayoritariamente a los hospitales de agudos. Cuando los pacientes se hacen mayores y tienen una menor capacidad de recuperación, con frecuencia se les deriva a centros sociosanitarios como si se tratara de un «final de trayecto» menos relevante. Cuando entras en este mundo te das cuenta de que hay que equilibrar la balanza: se debe seguir invirtiendo en la atención aguda, pero también en el paciente crónico, que puede tener una calidad de vida mucho mejor durante sus últimos años, manteniendo al mismo tiempo un alto grado de autonomía.
¿Qué valoración hace de su primer año en el Hospital Evangèlic?
Muy positiva. Encontré un equipo muy receptivo y un personal humano extraordinario. Cuando introduces cambios siempre tienes la sensación de no llegar a todo, pero cuando miras atrás ves que hemos conseguido resultados muy interesantes gracias a la buena voluntad de todos. Eso sí, acabamos de empezar.
¿Qué hace diferente al Hospital Evangèlic de los demás?
Es difícil describirlo con palabras, pero es un hospital en el que se respira un ambiente de paz, tranquilidad y una preocupación real por ayudar. Los profesionales no vienen simplemente a cumplir un horario; se preocupan sinceramente por los pacientes y sus familias porque creen en lo que hacen. Eso no es habitual encontrarlo.
Más allá de la parte humana, ¿cuáles han sido los ejes de su gestión?
Nos hemos centrado mucho en mejorar procesos y eliminar rutinas que no aportan un valor real. A veces se hacen cosas por mera inercia. Si analizamos y optimizamos el día a día, podemos conseguir que el tiempo de los profesionales esté realmente orientado a aquello que mejora la atención al paciente.
El Hospital Evangèlic cuenta con servicios diferenciales como la «habitación empática». ¿En qué consiste?
Hay que verla para entenderla. Es un concepto completamente nuevo y ha sido cocreada directamente con pacientes y familiares. Los espacios del hospital están diseñados para transmitir calma y evitar el ruido habitual de los pasillos hospitalarios. Además, disponemos de espacios comunes en las plantas para que los pacientes puedan socializar y compartir tiempo con sus familias, evitando que pasen todo el día encerrados en la habitación y favoreciendo su autonomía.
También destaca la Unidad Comunitaria de Fragilidad (UCF)…
Llevamos casi un año con este dispositivo en funcionamiento. Permite que un paciente crónico y con fragilidad que sufre una descompensación pueda recibir atención inmediata y personalizada sin pasar por urgencias ni necesitar un ingreso hospitalario convencional. El paciente acude unas horas a la unidad, recibe el tratamiento oportuno y vuelve a su domicilio, o incluso realizamos sesiones directamente en su casa.
¿Cuál es el perfil habitual del paciente que atienden?
Mayoritariamente son personas mayores con criterios de fragilidad o con una menor reserva fisiológica. Ingresan para tratar una enfermedad aguda, realizar una recuperación funcional después de una estancia hospitalaria prolongada o recibir tratamiento paliativo y de confort. En la Unidad de Fragilidad tratamos especialmente agudizaciones de patologías respiratorias o cardíacas de forma ambulatoria para evitar el impacto de un ingreso.
¿Qué importancia tiene la escucha activa al paciente y a la familia?
Es fundamental. A menudo el sistema sanitario se organiza pensando en su propia comodidad y hace que el paciente tenga que superar «las doce pruebas de Astérix», yendo de un lugar a otro y teniendo que repetir la misma información a distintos médicos. El modelo ideal es que el paciente esté en el centro y seamos los profesionales quienes nos coordinemos y nos movamos a su alrededor. Escuchar sus comentarios y su experiencia es la mejor herramienta para seguir mejorando.
¿Cómo se integran la tecnología y la IA en un entorno como el suyo?
La IA nos ayuda a automatizar tareas administrativas y a analizar datos rápidamente, liberando tiempo de los profesionales para que puedan dedicarlo a las personas. De cara al futuro de la recuperación funcional, el camino pasa por la robótica y la realidad virtual en fisioterapia y terapia ocupacional. Lamentablemente, la mayor parte de la inversión tecnológica suele destinarse a los hospitales de agudos, pero la atención intermedia también necesita estos avances.
¿Qué consejo daría a los médicos jóvenes que están empezando su carrera?
Les recomendaría que hicieran rotaciones por centros de atención intermedia y fragilidad. Cuando eres joven tiendes a buscar la adrenalina de la medicina de agudos, pero nuestro ámbito tiene una utilidad social y una belleza extraordinarias. Si no lo conoces desde dentro, no sabes todo lo que puedes aportar a la sociedad ni la dimensión humana que puedes llegar a desarrollar.
Para terminar, y hablando de esta dimensión humana… ¿Podría enseñarnos una fotografía que tenga un valor especial para usted y explicarnos qué representa?
Elijo esta foto porque es la que tengo como fondo de pantalla en mi teléfono móvil. Es el monte Cervino (Matterhorn), para mí, la montaña más hermosa del mundo. Era uno de los lugares que quería conocer antes de morir, y lo visité justo después de decidir iniciar esta nueva etapa profesional. Durante aquellas vacaciones pensé mucho en cómo afrontaría este nuevo reto y, ahora, en mi día a día, esta imagen me permite transportarme a ese lugar tan especial para mí, que me conecta con mis emociones y con mis ilusiones.

El monte Cervino (Matterhorn), en los Alpes.
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